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OIER-ARDANZA

Oier Ardanza y la brillante vuelta a casa

El durangarra Oier Ardanza emprendía este pasado verano el camino de vuelta a su hogar. En su tierra, un Zornotza en línea ascendente y consolidado le esperaba con los brazos abiertos, probablemente soñando con un arranque de temporada tan bueno como el que están llevando a cabo. Los de Mikel Garita lideran su grupo y tienen en su mano disputar por primera vez en la historia del club la Copa. Con Ardanza, recién incorporado, hablamos de su experiencia en Barcelona y en Gran Canaria, así como de sus lesiones y el consiguiente aprendizaje y la importancia del Tabirako para él y su familia. Para Oier Ardanza, el hogar sí que es dulce hogar.

Lo primero por lo que tenemos que preguntarte es por el extraordinario arranque del equipo…

Hemos empezado el año muy bien, jugando en equipo y con un baloncesto muy atractivo que nos está llevando a ganar. Al final, es muy importante lograr victorias porque todos queremos jugar bien pero el objetivo final es ganar. Si puedes sumar las dos cosas… es espectacular.

El Zornotza ya nos mostró el año pasado varias de sus señas de identidad que le hicieron llegar muy lejos: la garra, la pelea, el carácter, además del buen baloncesto… eran características del equipo zornotzarra. ¿Crees que esas virtudes se mantienen? Suponemos que el mantenimiento del bloque nacional contribuye.

Lo más importante para que la garra y el carácter se mantengan es que hay una serie de jugadores nacionales que ya llevan unos años aquí. Eso hace que seamos un equipo con muchas ganas, con mucha química de equipo que nos hace querer ganar y querer hacerlo juntos. El carácter y la energía que tenemos nos dan algo que creo que otros equipos no tienen.

¿Y la Copa? Seguro que no era un objetivo pero ahí está, a vuestro alcance…

No lo hemos hablado mucho entre nosotros. De hecho, hasta que este pasado fin de semana le ganamos a Ourense ni había salido el tema. Pero nos hemos dado cuenta de que ya hemos jugado contra los a priori equipos más fuertes y que el reto está ahí, lo tenemos en nuestra mano. Ahora tenemos una serie de partidos contra equipos no tan bien clasificados pero contra los que tenemos que competir, porque si algo me ha enseñado la liga es que cualquier equipo puede ganarte. Ojalá lo podamos conseguir, porque además sería la primera vez que el Zornotza disputaría la Copa.

A pesar de tener solo veinte años, tienes una gran experiencia en categorías FEB…. ¿Te has marcado algún objetivo personal para este año?

Sí, este es mi tercer año en LEB Plata, por ejemplo. He tenido mucha suerte de estar en los lugares que he estado y hay que aprovecharlo.

En cuanto a objetivos, quiero seguir mejorando y ayudando al equipo. Si al equipo le va bien a mí seguro que también, así que hay que seguir trabajando y mejorando, que es lo más importante.

Durante tu carrera has tenido que tomar bastantes decisiones alrededor de tu futuro. Este verano fue la última, cuando apostaste por volver a casa. ¿Tenías ganas ya de volver?

Mi ciclo en Gran Canaria acababa, y tenía la posibilidad de ir a otros equipos en la misma categoría fuera de Euskadi, pero desde que Mikel contactó conmigo no tuve ninguna duda. En primer lugar, creo que lo más importante es la familia y nuestros seres queridos, y eso lo tengo aquí. Además, tantos años fuera de casa desde los catorce… tenía ganas de volver. Con Zornotza tengo la oportunidad de volver a casa y seguir a alto nivel.

Otro de los alicientes para volver sería hacer la pretemporada con el primer equipo de Bilbao Basket…

Hice la pretemporada debido a la baja de Ludde Hakkanson. Poder entrenar durante un mes con un equipo ACB es lo máximo para un jugador, y la verdad es que acabé muy contento. A largo plazo, ojalá algún día pueda formar parte del equipo, porque es objetivo y sueño de cualquier jugador…

¿Cómo fue el proceso hasta llegar a tomar la decisión de marcharte al Barça? Era la primera vez que salías de casa.

Ya cuando era pequeño en un Campeonato de España varios equipos de ACB se interesaron por mi situación y quisieron contar conmigo. No me acuerdo mucho, pero lo que más valoramos junto a mi familia eran las oportunidades deportivas y académicas, y en aquel momento la mejor alternativa fue ir al Barça.

Antes incluso de salir, queremos preguntarte por la importancia del Tabirako en tu formación. Siempre que has vuelto a casa, esporádicamente, has tenido detalles con tu club de origen. ¿Qué es el Tabi para ti en tus primeros años de basket?

Para mí y para mi familia el Tabirako es todo. Empecé a jugar en Jesuitak, con mi padre de entrenador, y luego ya pasé al Tabi. Para mi familia también lo es, porque mi padre jugó en el Club, y mi hermana también ha jugado hasta que se ha ido a vivir fuera. Por eso, cuando vengo siempre intento ir a ver a mis amigos que juegan en el Club y hacer todo lo necesario sin ningún problema y con mucho gusto. Obviamente es el club de Durango y en el que empecé, con lo que es muy importante para mí.

Después de la experiencia en la ciudad condal cambiaste de aires y te marchaste a las islas, con Gran Canaria como próximo destino. Son dos estructuras de cantera ACB pero es lógico que haya diferencias entre ambas. ¿Qué subrayarías de cada lugar?

En el Barça, fueron tres años muy buenos pero no pude disfrutar del todo porque tuve lesiones muy importantes, y en una de ellas tuve que pasar por quirófano con diecisiete años, lo que fue muy duro para mí. Pero de todo se aprende, y en ese momento me quedé con que tenía que valorar otras cosas y mejorar en otros aspectos. Obviamente, ambas son estructuras de ACB que ayudan mucho a la formación del jugador, a través por ejemplo de mucho trabajo individual en el Barça y estructuras de estudio perfectas para el jugador y para todos. Y después en Gran Canaria entré ya más en el mundo profesional; aprendí más de sobrevivir, de entender cómo jugar contra gente más mayor, de adaptarse al contexto…

Lo has mencionado tú pero era otra de las preguntas. Las lesiones son lo más complicado del deporte… ¿te ha cambiado tu forma de encarar el juego?

En cierto modo sí. Las lesiones te hacen pensar muchas cosas, sobre todo en aquellas como en la mía en la que te obligan a estar un año sin jugar. Además, yo estaba fuera de casa y la situación no fue sencilla. Te hacen valorar mucho más el entrenar, y cuando logras volver a entrenar y jugar lo valoras más. Lo que más he aprendido de ello es el hecho de aprovechar el momento y el día a día, porque las lesiones llegan cuando menos te lo esperas y son lo peor para un deportista.