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ENTREVISTA: ¿Qué fue de…Eneko Izkara?

Vivir el baloncesto desde prácticamente todas las perspectivas posibles. Eso es Eneko Izkara, un bilbaíno que comenzó en Patronato Maristas y que pronto advirtió, en sus visitas a La Casilla, que quería ser jugador profesional del baloncesto. Logró cumplir su meta, jugando muchas temporadas en las ligas FEB por toda la geografía del panorama nacional. En sus últimos años, experimentó lo que es ascender a LEB Plata por partida doble en su tierra Bizkaia, con Santurtzi y Zornotza. Tuvo la posibilidad, también, de ejercer de delegado en el primer Bilbao Basket que ascendió a la ACB, viviendo el máximo nivel desde dentro. Y actualmente, entre su faceta como nutricionista, los dos equipos que entrena, su trabajo, su formación como entrenador y su rol como seleccionador bizkaino junior, prácticamente no tiene tiempo ni para respirar. Conocemos a Eneko Izkara, otro de los valores importantes de nuestro baloncesto.

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¿Cómo comenzó tu vinculación con el baloncesto?

Realmente no tuve ningún precedente en casa, pero sí que se promocionaba hacer deporte. Con ocho años, yo ya iba a entrenar con el equipo Moraza de fútbol, donde actualmente hay unas canchas de baloncesto. Yo era portero y me gustaba, pero un día en clase preguntaron a ver a quién le apetecía jugar al baloncesto y me animé. Yo también hacía tenis, pero realmente, como siempre cuento, una vez que cogí el balón de baloncesto entre las manos todo pasó a un segundo plano. Me divertía mucho, estaba con mis compañeros y me daba la sensación de que era todo fácil.

¿Dónde se produjeron esos inicios? ¿Puede ser en la calle Iturribide de Bilbao?

¡Eso es! Nuestro grupo era bastante bueno y siempre ganábamos la liga de nuestra edad, y ya en infantiles ganamos el campeonato de Euskadi, con Txus Vidorreta de entrenador. Allí también me han entrenado Jesús Ituiño, Fernando Adán, Germán Monge, Ignacio Platero, Gabriel Gangoiti… Estuve hasta junior de primer año allí en el Patronato, ya que después me marché a Estados Unidos, en la temporada 1990-1991.

¿Qué recuerdos guardas de esa aventura? Supongo que en aquel momento la información que teníais no era como la de ahora…

Se estaba poniendo de moda el hecho de ir de alumno de intercambio. Conocía a algunas personas que lo habían hecho y a mí me atraía… Yo no fui con ningún tipo de organización que me buscase un lugar para hacer baloncesto, pero tuve suerte y la familia que me acogió promocionaba también el deporte. Pude jugar en el instituto en un nivel acorde al mío y disputar muchos minutos, en California. Jugué en Anderson High School.

Y de vuelta, tu destino sería el Caja Bilbao.

Sí, recuerdo que me hice socio del equipo e iba a La Casilla ya con trece o catorce años. El Patronato tenía un acuerdo con Caja Bilbao y eso nos permitía ir para que nos tratasen de nuestras lesiones allí, y me acuerdo que siempre coincidíamos con los jugadores saliendo de la enfermería. Siempre me viene a la cabeza que yo pensaba en que quería imitar a aquellos jugadores y hacer del baloncesto mi profesión, y como ejemplos tenía a Koldo Mauraza, Alberto Ortega, Fausto Orio, Iñaki Zubizarreta… Desde crío siempre tuve esa idea y el baloncesto se vivía de manera muy intensa en La Casilla. Había muchos equipos y era todo muy competitivo. Estuve allí tres temporadas, hasta el momento en el que el club desapareció, y casi todos pasamos al Patronato.

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Pero pronto después llegaría el momento de emprender la aventura profesional fuera de Bizkaia. Lo tenías claro y lo lograste durante muchos años. Cuéntanos lo que recuerdas de tu primer destino.

Sí, me marché al Cajasur de Almodovar de Liga EBA, porque tenía muy claro que quería intentarlo. Realmente continué estudiando, y me trasladé el expediente de mi grado en Biología a Córdoba para seguir estudiando. Entrenábamos mañana y tarde en un sitio bastante peculiar, con horarios extraños para evitar el tremendo calor. Fue un año exigente y mi primera experiencia; tenía el rol de segundo base muy definido desde el principio y no fui capaz de darle la vuelta, fundamentalmente por la calidad técnica y su capacidad física. A nivel colectivo hicimos un buen año, casi entramos en playoff. Después jugué en Bidegintza, donde cosechamos el ascenso a LEB Oro, en la 98-99, antes de que volviese a marcharme fuera.

Después llegaron otras experiencias en el panorama nacional, y tu única experiencia internacional en Portugal, que duró poco. Hay que tener en cuenta que el hecho de ser profesional del baloncesto en aquella época contenía unas condiciones económicas muy alejadas de la realidad en el basket actual…

Estuve en un campus en verano, y en la época bastantes jugadores españoles iban a Portugal. A finales del 99, comencé la temporada en Portugal, y estuve dos meses allí pero no cuajó y yo creo que buscaban otra cosa que no encontraron en mí. Acabé jugando en Ibiza en Nacional, buscando el ascenso a Liga EBA, aunque no pudimos materializar el ascenso por poco. Al siguiente año, me dieron una oportunidad de volver a la EBA en Castellón. Aún no había entrado el euro, y el nivel de vida hace veinte años era mucho más barato que el de ahora. Disfruté mucho y económicamente era autónomo y autosuficiente, ya que podía pagármelo todo en aquel momento. En verano lo complementaba yéndome un mes a Estados Unidos en un programa de inglés y baloncesto con chavales.

Por otro lado y por suerte, existieron muchas empresas en distintas ciudades volcadas con grandes inversiones para sacar proyectos adelante. Había ganas y un caldo de cultivo en el que la gente trataba de progresar deportivamente, y se hacían esfuerzos económicos. Se fichaban cuatro o cinco jugadores de fuera además del talento de casa. Como decía, y retomando mi trayectoria, lo hice muy bien en Castellón, con lo que acabé en Murcia, Archena. Ahí seguí progresando y en Calpe, ya en LEB, pensaron que podía ayudarles desde mitad de temporada y lo cerramos.

Después y antes de volver a Bizkaia, pasaste por las islas en Aridane y disputaste dos años en Madrid. ¿Cómo fueron esos últimos años como pro fuera de casa?

Para que nos hagamos una idea, Aridane era un club recién ascendido a la Liga EBA y cerró el balance con 240.000€ en una temporada de EBA. Más de la mitad éramos de fuera de La Palma, y el año fue un poco raro, porque no pudimos alcanzar grandes cosas. Jugábamos en el grupo de Madrid, que era muy competitivo. Fue una muy buena experiencia y por mí habría apostado por continuar allí unas temporadas… Después estuve también en Ibiza en un equipo de nacional intentando subir a Liga EBA, pero nos quedamos muy cerca. Los últimos dos años en Valdemoro los disputé en ese grupo, que también es muy competitivo, con lo que salvamos poco antes de terminar la temporada. Ganamos en Coslada, y pasamos un final de año muy tranquilo. El segundo año que jugué en Madrid empecé en Zornotza, pero me propusieron ir los viernes a Madrid, entrenar ese día y jugar los fines de semana. Acepté y allí terminé la temporada.

La vuelta a Bizkaia te hizo pasar por Santurtzi, donde ascendiste a LEB Plata, Zornotza, donde también obtuvisteis ese gran mérito, Askartza Claret y Centro Estudios Mikeldi en los últimos años en Liga EBA.

También llegué a Santurce a mitad de temporada y fuimos a la fase, pero en el primer partido Tomas Hampl se rompió la muñeca y se complicó mucho, no pudiendo ascender. Mantuvimos la plantilla y el siguiente año tuvimos el premio en Ciudad Real, en un fin de semana en el que todo salió bien. Jugamos muy bien los tres días y en el último sacamos el encuentro ante el anfitrión. Con Zornotza fue similar, pero nos costó algo más. Subimos a Liga EBA por renuncias, aunque nos habíamos quedado muy cerca, y tuvimos la oportunidad de coger esa plaza. Incorporamos jugadores jóvenes que venían pisando fuerte y otros jugadores con experiencia. El primer año mantuvimos la categoría y en el segundo ascendimos, que fue un poco sorpresa. Fue curioso porque las ligas se acababan muy pronto y daban un plazo de cuatro semanas hasta la fase, y ese año tuvimos muchas lesiones, con lo que nos vino muy bien para hacer una mini pretemporada y el equipo se reagrupó. En la fase el primer día ganamos al anfitrión haciendo un partidazo y a partir de ahí todo salió bien, ganando y certificando el ascenso matemático en el segundo día de la fase.

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Dejando a un lado tu faceta de jugador, sabemos que tuviste experiencias desde distintas perspectivas… ¿Cómo fue la de delegado en el primer equipo de Bilbao Basket con Txus Vidorreta?

Es un recuerdo para siempre. Me llamó Txus cuando mi temporada en Ibiza estaba terminando; yo estaba haciendo un máster y tenía ya treinta años. Era importante que yo sabía hablar inglés y él quería que yo echase un cable en lo que hiciese falta. Él me conocía de la etapa de Maristas, y en el cadete del Caja ya le había ayudado. Fue un año duro, pero salvamos. Para mí una gran experiencia, y viví el basket profesional desde dentro al máximo nivel…

Lógicamente también has entrenado mucho, pero actualmente estás más atareado que nunca: entrenas el senior de Sugarrak de Laudio y un cadete en BSK Basauri, además de que eres el seleccionador bizkaino junior. Lo de los banquillos te pegó bien fuerte…

Eso es, tengo todas las tardes ocupadas. Voy tres días con los cadetes, y con el senior otros tres, y tengo dos partidos por fin de semana. Desde que dejé de jugar en Paules, cuando Javier García Panizo y yo hacíamos de entrenadores-jugadores, comencé a ver la faceta de entrenador desde otra perspectiva y todo se hizo más sencillo. Este año tenía muchas ganas de poder disfrutar de una generación con la que he estado en cadete y les he visto crecer en la tecnificación bizkaina… Meto muchas horas pero tengo ganas de seguir haciéndolo.

Además no paras de formarte…

Eso es, estoy cursando la formación oficial a través de Kirolene, ya en el superior. Seguimos sacando huecos y yo aprendo mucho, porque hay cosas que puedes tener en la cabeza pero viene fenomenal tener una clase de algún entrenador que lo comunica bien y te da algún detalle. Con todos los profesores que hemos tenido he aprendido baloncesto, y disfruto mucho…

Y además… ¡tu trabajo como nutricionista!

Sí, cuando acabé la carrera tenía claro que sería complejo trabajar en la especialidad de biología que yo había estudiado. Decidí estudiar un máster en nutrición y llevo desde el 2006 haciendo nutrición compaginándolo con mi trabajo… siempre ha sido un buen complemento para poder echar una mano a todo aquel que lo ha necesitado, por ejemplo en las selecciones, cuando he sido ayudante.

Iñigo Núñez

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