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Juanchi Orellano: “Cuanto más pasan los años más me doy cuenta de la importancia de disfrutar de los éxitos”

Rosario hasta los dieciséis y Buenos Aires y la zamarra de Boca hasta los veintiuno para cruzar el charco a esa edad y recalar en Madrid. Después, Cambados a los veintidós para terminar en Santurtzi como destino actual a los treinta y uno en un viaje con paradas en Marín y Amorebieta. Esta es la historia de la vida del director de juego hispano-argentino Juanchi Orellano, al que siempre acompañó una pelota de baloncesto allá donde fue. “Todo lo que viví me hizo desarrollarme como persona, madurar y crearme el carácter de la persona que soy ahora”, cuenta orgulloso. Y es que habrá pocos jugadores con más anécdotas para contar y semejante capacidad expresiva para describir vivencias y sacar en claro aprendizajes de las mismas. Dice haber cumplido muchos de sus sueños, pero aún guarda la ilusión por poder hacer algo que quizás no estaba en los planes en su primer año en Santurtzi tras alzarse con la Euskal Kopa. En la localidad marinera apodan ya a este soñador como el ‘magic argentino’ por aquello de sus dos metros de estatura en la posición de base y porque no deja de sacarse asistencias de la chistera…

¿Cómo comenzó tu idilio con el baloncesto?

El baloncesto era muy importante en mi familia; mi abuelo jugó y fue entrenador, mi padre, mi madre… todos jugaban a baloncesto. Desde los tres o cuatro años ya jugaba mucho con la pelota en Argentina, y fui creciendo y destacando hasta que a los dieciséis comenzó mi etapa como profesional. Empecé en Rosario tan pronto porque en Argentina los clubes son fuentes de relaciones sociales y los niños comienzan muy pronto a hacer deporte. En este caso, tanto a mí como a mis hermanos nos tocó el baloncesto y aquí estoy ahora.

Ese momento de comenzar a atisbar la profesionalidad comenzaste a apreciarlo cuando tuviste la oportunidad de formar parte de la cantera del histórico y carismático club Boca Juniors…

Fue una gran alegría tanto para mí como para mi familia, pero especialmente para mi abuelo, hincha fanático del equipo de fútbol de Boca.  Tengo el recuerdo de la alegría y el orgullo que fue para él que su nieto jugara ahí. Me venían siguiendo en varios torneos en los que yo jugaba para el equipo de Rosario, y me ofrecieron participar de un campus de verano en Buenos Aires. Les gusté y me dijeron que querían que me quedase allí en la capital a jugar con ellos. La verdad que en aquel momento la cantera de Boca Juniors era la mejor, ya que siempre ganaban las ligas juniors y cadetes.  Pronto después me vi entrenando con los juniors y con el equipo de la Liga Nacional.

¿Cómo fueron los primeros meses fuera de casa? A pesar de estar en edad juvenil, ir a Buenos Aires cambia radicalmente tu vida, ¿no?

Los primeros meses fueron muy duros. Rosario queda a 400 kilómetros de Buenos Aires y al principio volvía todos los fines de semana. Es complicado acostumbrarte a estar lejos de tu familia, pero poco a poco fui volviendo menos hasta que ya casi no volvía… (risas) También es cierto que me fui desarrollando como persona, madurando y creando un carácter y todo eso me sirvió para ser la persona que soy ahora.

¿Qué recuerdos guardas de tu estancia en la academia?

Para mí fue maravilloso. Yo vivía con los chicos de fútbol que también querían llegar a jugar en primera división. Entre ellos estaban Roncaglia, Banega y otros jugadores que después han hecho carrera y han pasado por España. Fueron años fantásticos y que no voy a olvidar, a pesar de que cuando los vives no terminas de disfrutarlos del todo. Cuando pasan los años y echas la vista atrás lo recuerdas como algo muy bonito. Los que vivíamos juntos logramos formar casi una familia y pasábamos todo el día juntos además de que entrenábamos seis o siete horas diarias. El primer gran recuerdo deportivo que tengo es que salimos campeones de la liga junior de Argentina y después fui parte del primer equipo una temporada en la que Boca quedó campeón de la Liga Nacional. En aquella plantilla estaban nombres propios y grandísimos jugadores como Leo Gutiérrez y Gabriel Fernández, campeones olímpicos en el 2004 con aquella mítica selección argentina. Tenerlos a mi lado fue muy bonito. Durante aquellos años también me enfrenté en varias ocasiones con Nico Laprovittola, que jugaba en Lanús, y del que guardo un recuerdo extraordinario actitudinal y deportivamente.

Después consideras que es el momento de cruzar el charco y probar suerte en el baloncesto europeo… ¿cómo es ese proceso hasta que tomas la decisión de hacerlo?

Cuando juegas al baloncesto, fútbol o algún deporte de los importantes en Argentina siempre sueñas con jugar en Europa. Desde allí vemos este continente como otro mundo y de chaval soñaba con ello. Siempre fui muy soñador y traté de cumplir mis propósitos, y fui creando esa idea en mi cabeza hasta que no pude contenerla en mi cuerpo. Me conseguí una prueba en LEB Oro en León, y después de estar un tiempo recalé en el segundo equipo de Fuenlabrada con escasos veinte años. Pensé que sería más fácil de lo que fue en realidad, y hubo momentos duros como las navidades y la primera semana en la que casi ni dormí. Todo esto son experiencias que a uno lo hacen más fuerte.

Después, ya en Madrid, tengo el recuerdo de quedarme impresionado por la cantidad de gente que asistía a los partidos del equipo ACB del Fuenla. Me llamaba la atención el ruido y cómo animaba la gente y se me parecía más a un partido de fútbol en Argentina que a uno de basket. Por una parte también fue bonito conocer Madrid y cumplir el sueño de vivir ahí. Cuando miro hacia atrás advierto la cantidad de sueños que he podido materializar y lo que he podido disfrutar a pesar de que mis expectativas siempre estuviesen buscando más. Ese año extrañé mucho a mi familia y me volví a casa en verano, rechazando una propuesta de entrenamientos del Fuenlabrada por ver a mi madre…

De vuelta de Argentina surge Cambados, tu segundo hogar…

Volví a España a casa de un amigo a Cambados pendiente de firmar por otro club. Mi amigo iba a entrenar en Cambados e iba con él para mantenerme en forma, y mi fichaje se terminó truncando. Como consecuencia, me ofrecieron quedarme ahí y nos quedamos ambos en Cambados. Después estuve cinco años allí y me enamoré absolutamente del pueblo. Tengo gente a la que quiero muchísimo allí y que son como una familia para mi y la verdad es que guardo los recuerdos más bonitos de Cambados. Deportivamente, además, el club creció mucho y pudimos ascender de categoría a LEB PLATA, con una afición fantástica…

Zornotza es tu siguiente destino en una temporada excepcional.

Así es, en Larrea no se podía escuchar nada en las semifinales contra Granada del ruido que hacía la gente. Me vine porque un gran amigo mío, Ander García, iba a estar aquí. No sé cómo fue concretamente el tema pero al final yo vine a Amorebieta y él se fue a Iraurgi… (risas). Hablé con Mikel Garita y fue un año fantástico para todos y una pena el que no pudiésemos ascender en la final contra un gran club como Valladolid. Hubiese sido histórico haber ganado la final para un club como Zornotza. No duré más que una temporada y me volví a Cambados, que era mi hogar. Valoraba también que allí podía realizar otros hobbies como la música y el arte, además de tener a gente a la que quiero muy cerca. Me era muy fácil decantarme por Cambados cada vez.

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Sí, porque además de jugar el pick and roll también pintas cuadros y te encanta la música…

Lo del arte también viene por mi familia. Mi madre es licenciada en Bellas Artes, mi padre cantaba en el coro… Lo que más me apasiona es la música por encima de las otras posibilidades, y es por ello que estoy estudiando para ingresar en el conservatorio de canto de Bilbao. También estoy recibiendo clases de canto y lenguaje musical así que no me puedo quejar.

Después tocó retornar a Galicia y hacerlo en las filas de Marín a las órdenes de Javi Llorente. ¿Qué nos puedes contar de esas dos temporadas en las que lograsteis el ascenso a LEB ORO?

Me llamó Marín y dudé mucho porque no quería volver a estar otro año lejos de mi novia que estaba aquí en Euskadi. Al final, con el gran proyecto que habían realizado, terminé por decidirme por ir porque había grandes jugadores y un entrenador que ya sabía lo que era ascender. Subimos a LEB ORO y fue un año impresionante realmente. Este último año, en el que debuté en el segundo escalón nacional, fue complejo. A parte de que la pandemia paró la liga, tuvimos grandes contratiempos en forma de lesiones, altibajos, cambios en la plantilla… Y todo eso terminó por hacer que el año no fuese realmente bueno. Es algo que era un sueño y que lo estuve buscando muchos años, y tengo recuerdos de partidos, pabellones… que voy a tener toda mi vida. Cuanto más pasan los años más me doy cuenta de lo importante que es disfrutar de los éxitos…

Vamos ahora con la actualidad. Os llevasteis la Euskal Kopa en tu primer mes de morado con el Santurtzi y actualmente estáis en racha con tres victorias consecutivas…

La verdad es que estoy muy contento con el grupo humano que se formó, tanto con el equipo como con el staff, dirigentes… Una pena que no haya podido conocer a la afición por el maldito tema de la pandemia, porque tengo ganas. Estamos haciendo un buen año; comenzamos ganando la Euskal Kopa y después tuvimos un bajón pero ahora hemos recuperado nuestro nivel. El trabajo está dando sus frutos y si te tengo que decir algo es que estoy ilusionado porque creo que podemos hacer alguna cosa que quizás no estaba en los planes, pero no lo diremos muy alto… (risas)

El próximo contrincante es el Megacalzado Ardoi, líder de la liga, que os recibe en su casa con un balance de siete victorias y dos derrotas. ¿Cómo valoras el próximo compromiso del equipo?

Están realizando un gran inicio de liga y vamos a tener que ir a jugar con el cuchillo entre los dientes, concentradísimos y sin regalar ni un minuto de partido. Va a estar ahí si queremos ser capaces de competir hasta el final, en la seriedad y en la constante concentración.

Iñigo Núñez