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Imanol Artiñano: “Este equipo puede hacerlo muy bien este año”

Tras formarse en Urdaneta y disputar sus dos últimos años de junior en Unamuno, Imanol Artiñano decidiría cruzar el charco para curtirse física y académicamente en el mundo universitario y baloncestístico estadounidense. La experiencia, que recomienda, le hizo convertirse en un jugador más duro y constante, y a la vuelta se decantó por el proyecto de UCAM Murcia, donde compaginó sus estudios de postgrado con el baloncesto. De vuelta a casa, Artiñano apostaría por el morado y por unirse al Santurtzibasket, donde es ahora capitán y referente tras firmar una gran temporada en su primer año como marinero. El comienzo de la actual campaña generó grandes expectativas con la conquista de la Euskal Kopa en torno a un Santurtzi que acumula dos victorias y tres derrotas en la Liga EBA. Hablamos con el capitán y puntal del proyecto Imanol Artiñano.

¿Cómo empezaste a jugar a baloncesto? La estatura te llevaría rápido por el camino…

Pues la verdad es que empecé jugando a fútbol y de portero… (risas) Fue mi aita un poco después el que me encarriló un poco al baloncesto, porque él había jugado de pequeño y le gustaba. Como sabía que iba a ser alto y que probablemente sería mejor para mí, pues me metí en el baloncesto. Es gracias a él, me llevó por el buen camino, porque de portero me aburría mucho…

Tus inicios fueron en el colegio de Urdaneta…

Sí, estuve jugando ahí desde que empecé hasta cadete de segundo año. Después, me fui a jugar a Unamuno en busca de algo más de seriedad y  de nivel competitivo. Urdaneta era un club de colegio en el que íbamos y disfrutábamos, pero en Unamuno me encontré con las ligas vascas y con una dinámica más enfocada a la competición. Decidí irme y aprovechar la oportunidad. De Urdaneta me vienen buenos recuerdos de Joseba Comonte, el entrenador que estuvo conmigo durante la mayoría de mis temporadas allí. Nos lo pasábamos muy bien.

¿Qué te viene a la cabeza de tus dos años posteriores en Unamuno? El nivel competitivo subiría ostensiblemente…

Al principio me tuve que dar a conocer en el equipo porque nadie me conocía y ganarme los minutos. Fue muy divertido y el ambiente que teníamos en el vestuario era muy bueno. Tengo relación con varios compañeros con los que estuve allí, aunque la mayoría han dejado ya de jugar. Por ejemplo, me enfrenté muchas veces a Pablo Albisu, con el que pude compartir vestuario el año pasado. También me enfrenté a muchos jugadores gipuzkoanos y alaveses con los que ahora mantengo relación y a los que me enfrento en Liga EBA.

La oportunidad de formar parte de alguna selección llegó tarde, sin embargo…

Sí. Hará seis años que me llamó la selección de Euskadi para jugar un torneo en Getxo contra Argentina y República Dominicana. Esa fue mi primera llamada ya que nunca antes había estado. Fue una sorpresa y una gran experiencia…

Tras los dos años en La Casilla, optas por cruzar el charco y emprender la aventura americana. Allí te formaste académica y baloncestísticamente. ¿Qué recuerdas del proceso de tomar la decisión?

Fue un proceso complicado y hubo bastante locura. Entonces no teníamos tanta información como existe ahora de las universidades y programas en Estados Unidos. De hecho, del País Vasco solo nos fuimos tres jugadores: Aitor Zubizarreta, Jorge Bilbao y yo. Nos fuimos todos a probar suerte porque no conocíamos ni la universidad, ni el estilo de vida…  Ahora lo valoro como una gran experiencia al haber salido de casa y ser más independiente, pero lógicamente también han existido momentos duros.

Como gran diferencia, lo primero que veo es la profesionalidad en torno al deporte del baloncesto. Todo está coordinado, y existen grandes facilidades para poder estudiar y jugar a la vez. Esto lo gestionan fenomenal, moviendo los exámenes para poder asistir a partidos, por ejemplo. Al fin y al cabo, el equipo es de la propia universidad y es necesaria la ayuda mutua. En cuanto al basket, creo que el aspecto más diferencial es el físico. Son muy salvajes y, o ganas peso, o es muy complicado poder competir allí. El equipo también es más individualista. El primer año fue difícil; tuve que ganarme un hueco en el equipo porque la competencia era dura. Gané mucho peso, veinte kilos, para poder jugar… A mitad de temporada ya me hice el sitio definitivo pero tuve que sudar sangre para poder disputar minutos. Yo suelo decir que fue como la ‘mili’… (risas) El entrenador era de la vieja escuela y muy directo, iba a machete… Era muy exigente y siempre buscaba el máximo del jugador. Hubo jugadores que no aguantaron esa presión… Estuve con él los cuatro años y me adapté a su juego.

Allí la competencia existe también en los entrenamientos por los minutos en cada puesto, ¿no?

Sí, esa competencia es dura. Cada día hacíamos tres horas de pista y gimnasio. Eran una lucha, y cada año era diferente pero siempre había jugadores interiores potentes con los que me tenía que pelear para adquirir peso en el equipo. Aprendí mucho de estos jugadores, sobre todo en concepto de dureza. Después, a la vuelta de la experiencia, te das cuenta de la diferencia en el nivel de dureza… Es de otra manera. Por el equipo pasó gente de todos los tipos, y tuve mucha gente que me enseñó muchas cosas y yo de hecho pienso que muchos de los que fueron compañeros míos allí podrían dedicarse al baloncesto profesionalmente aquí. Por distintas circunstancias no lo han hecho, pero creo que habrían podido…

Tocaba cruzar el charco de vuelta y te decidiste por formar parte del equipo EBA del UCAM Murcia. Este proyecto te daba la posibilidad de continuar con tus estudios…

Esa era la idea. Quería no perder continuidad con los estudios y acabar todo lo que quería hacer. Me lo facilitaron jugando con el filial, y el primer año además pude hacer la pretemporada con el equipo de ACB. Ahí gané experiencia y aprendí mucho de grandes jugadores. Fue una experiencia bonita porque pude seguir estudiando y coincidí además con muchos jugadores con proyección para crecer y estar en el primer equipo. Allí coincidí con Victor Faverani, ex NBA, Augusto Lima, Brad Oleson o Clevin Hannah… jugadores de primer nivel que después son gente normal y muy familiar que me acogió enseguida.

A nivel de juego… ¿cómo cambió lo que hacías en la pista con tu vuelta a España?

Había ganado mucho peso en Estados Unidos y eso me hizo perder algo de movilidad, lo que me hizo perder algunos rasgos del estilo que traía de atrás. La vuelta a Murcia propició que tuviese que amoldarme de nuevo al juego, y el primer año fue de transición. El segundo año crecí y fui para arriba, jugando de cara desde fuera y perfeccionando el tiro. Iba cada semana a tirar 500-600 tiros en una máquina… He desarrollado mi tiro de media distancia confiando mucho en mí mismo y trabajando.

Tras la experiencia en Murcia, vuelta a casa, y vestido de morado… Llegas al CB Santurtzi SK.

Tenía ganas de volver a casa y estar con mi familia.  Ya me lo planteé en alguna de las anteriores campañas pero decidí quedarme y creía que ya no tenía que atrasarlo más. Es una buena experiencia también volver a mi tierra. El año pasado fue mi primero en Santurtzi, y fue una temporada muy difícil. Empezamos mal, con el cambio de entrenador… lo que trastocó los planes y cambió la dinámica del equipo. Muchos se marcharon y después conseguimos levantar el equipo, también con la vuelta de ‘Beto’ al plantel que siempre nos ayuda mucho. Al final convertimos un año muy malo en bueno.

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¿Cómo afrontáis esta temporada? Habéis comenzado ganando la Euskal Kopa y con balance de 2-3…

Este año ha sido muy complicado el comienzo. Hay mucha incertidumbre y hasta que la gente se ha acostumbrado ha pasado tiempo, pero ahora tenemos un buen ritmo y estamos en buena dinámica. Este equipo puede hacerlo muy bien este año, y estamos ensamblando las piezas ya que también ha habido cambios y tenemos que conocernos mutuamente.

Las bajas de los tres capitanes iniciales (Beto, Gorka Diego y Xabi Vega) han hecho que te quedes con el brazalete de capitán. ¿Te gusta esa faceta? ¿Lo estás disfrutando?

Bueno, yo creo que mejor que Beto no lo va a hacer nadie, él ya tiene mucha experiencia. Pero poco a poco habrá que ir llevando a la gente por el buen camino, y ayudando a la gente en lo que sea y apoyarles, y yo estoy muy dispuesto a hacerlo.

Iñigo Núñez