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SEGURADO

Una pirámide con buenos cimientos

El Comité Vizcaíno de Árbitros de baloncesto alcanzaba al inicio de esta campaña cifras récord en inscripciones y adhesiones. El capital humano de árbitros aumentaba a la par que lo hacía la exigencia de las federaciones y la demanda de árbitros y anotadores en pos de una competición con más calidad. Es por ello que es necesario conocer de primera mano los entresijos de una organización que tiene en su cúspide a Juan Carlos García González, reputado y experimentado árbitro internacional. Nerea Velasco e Iker Rodríguez son ejemplos perfectos de la base que nutre a un comité que tiene al volante, entre otros, a su secretario Mikel Segurado. Iñigo Díaz de Sarralde, por su parte, se  encuentra a medio camino. Todos ellos forman una pirámide con buenos cimientos.

Es evidente que portar el silbato no es sencillo. En ningún contexto, da igual deporte o categoría. Supone tomar decisiones, juzgar una contienda entre dos rivales que se miden al límite para agarrar la victoria. Y en el baloncesto vizcaíno, como no podía ser de otra manera, la ardua tarea no es diferente de sus homólogas en otras comunidades autónomas y disciplinas deportivas.

No obstante, si hay un problema que define frecuentemente al arbitraje (el término agrupa árbitros y anotadores) en su vertiente amateur, fundamentalmente en el deporte del baloncesto, es la falta de capital humano. Mikel Segurado, secretario del Comité Vizcaíno de Árbitros, lleva la voz cantante en esta materia. “A día de hoy sufrimos con los anotadores, porque las nuevas exigencias estipuladas por la Federación Vasca hacen que tengamos que coordinar y designar de otra manera a los anotadores”, afirma el bilbaíno, que se muestra “preocupado” por esta cuestión. Pero el Comité no cesa su actividad, y se encuentra en constante proceso de captación y adaptación a las nuevas circunstancias. “Recientemente hemos dado de alta 23 personas tras el último curso y estamos muy satisfechos de esos datos, aunque tenemos claro que tienen que ir creciendo y han de ser tutelados para que lleguen y se queden con nosotros”, cuenta Segurado, que aún ejerce también de árbitro, pitando hasta seis partidos en algunos fines de semana por ineludible necesidad y responsabilidad derivada de su puesto.

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PROGRAMA ESKOLA LAGUNTZAILE

Un antes y un después en el proceso de reclutar árbitros lo marca indudablemente la iniciativa denominada ‘Eskola Laguntzaile’. Fue promovido por la Federación Vizcaína de Baloncesto,  y mediante la misma, cualquier persona puede alistarse en el programa para formar parte de una lista de factibles árbitros de partidos escolares, otorgando al alistado el derecho de recibir una pequeña contraprestación económica por sus labores de arbitraje o anotación (oscila entre los diez y los quince euros). A cambio, la persona voluntaria recibe una formación para llevar a cabo sus labores  y ostenta el deber único de superar un mínimo de partidos arbitrados o anotados al año. En el caso de no superarlos, únicamente habría de abonar el importe correspondiente al material que la Federación entrega a cada ‘eskola laguntzaile’, en concepto de un jersey/camiseta y una carpeta con distintos elementos imprescindibles para la celebración de un encuentro como el silbato, las actas…

En la actualidad, los ‘eskola laguntzailes’ ejercen de cantera del Comité. Una de las promesas surgidas del programa es Iker Rodríguez, natural de Barakaldo que comenzó su andadura en el arbitraje en el colegio Dosa Salesianos. “Empecé a pitar partidos como eskola, y vi que me llenaba. Una persona importante dentro del comité me vio pitar y me animó a inscribirme e hice el curso de árbitros”, cuenta Rodríguez, que a pesar de haber rebasado recientemente la mayoría de edad acumula ya una gran experiencia en las canchas vizcaínas. Inicio similar tuvo la trayectoria de Nerea Velasco, otra de las apuestas de futuro del Comité y actualmente en el grupo tres, correspondiente a árbitros que dirigen encuentros de primera nacional.  “Comencé en el instituto pitando partidos  escolares como ‘eskola’, y después quería seguir unida al baloncesto así que hice el curso de árbitros…”, recuerda Velasco a sus 27. Se estrenó en la temporada 2011-2012 y ejerció de anotadora durante unos meses, pero pronto advirtió que lo que a ella le gustaba era “estar en el campo”. En ese anhelo coinciden todos los protagonistas.

NEREA-VELASCO

Si considerásemos el arbitraje vizcaíno una pirámide, en la cúspide estaría precisamente Juan Carlos García González, árbitro internacional y recientemente galardonado con la medalla de oro de la Federación Española de Baloncesto. Una figura admirada por sus méritos deportivos y un ejemplo a seguir para los más jóvenes que, además, también se muestra implicado en la formación de aquellos que se introducen en la práctica deportiva. “Creo que es parte de nuestra idiosincrasia. Lo que tú has recibido cuando empezabas te apetece devolverlo y transmitirlo a los árbitros más jóvenes para que ellos sean capaces de aprenderlo y asimismo transmitirlo a otros”, cuenta el natural de Basauri, que hace del arbitraje su profesión desde hace más de dos décadas. En su extensa trayectoria destaca el hecho de haber arbitrado la final masculina de los JJOO de Río 2016, pero no puede obviarse el infinito número de partidos determinantes que el vizcaíno ha dirigido en competiciones de gran enjundia, como la Euroliga, ACB o Copa del Rey. Pertenece al selecto grupo de personas que pueden decir que viven del arbitraje, y afirma que lo más importante es estar en constante proceso de formación y adaptación, a la par que lo hace el deporte. “Creo que tenemos que estar al tanto de las nuevas tendencias. Me gustan mucho determinadas situaciones, como el contenido y la forma de comunicar de los entrenadores a los jugadores con el juego parado. Todo eso a mí me aporta información, y maneras de ver el juego, a nivel de filosofía, para enriquecerme y controlar más todo lo que puede suceder”, narra García.

Iñigo Díaz de Sarralde lo experimenta desde una posición muy distinta, a medio camino entre el mundo amateur y la profesionalidad, un escalón por debajo.  Ascendió hace un par temporadas al grupo dos, con lo que en la actualidad dirige encuentros de las competiciones de la Federación Española de Baloncesto. “En la FEB te hacen informes, puedes ir a campeonatos… para mí es un hobby pero quieres competir por estar lo más arriba posible”, cuenta Díaz de Sarralde. “Yo siempre me he fijado en ‘JC’ (Juan Carlos García) y en Sergio Manuel… Y en pretemporada tuve la ocasión de pitar con ellos en el torneo de Barakaldo. Me fijé mucho en su manera de hacer las cosas y cada partido fue un aprendizaje”, cuenta el joven colegiado. Aunque de momento y para él, el arbitraje, insiste, solo es un hobby: “no lo considero un complemento a mi trabajo, simplemente es algo que hago por gusto… cada fin de semana cojo la maleta y me voy a distintas zonas a pitar y es algo que me gusta”.

Esperanza Mª Mendoza Delgado y Yasmina Alcaraz son las dos únicas mujeres que ostentan ahora el privilegio de pitar en ACB, la cumbre del baloncesto nacional. Un número muy reducido que contrasta con los 36 hombres que portan el característico uniforme naranja propio de la liga. En el Comité Vizcaíno, la situación no es muy distinta. “Cuando yo empecé a arbitrar, recuerdo que coincidí varias temporadas con otra árbitra. Posteriormente estuve unos años sola y ahora, desde hace un par de temporadas, hay otras cinco árbitras, lo que es una gran noticia”, relata Velasco, que desearía que la presencia del género femenino en el colectivo fuese mucho mayor. La bilbaína se fija en Alcaraz, y procura seguir los pasos de una profesional a la que admira: “tuve el placer de conocerla y fue una grata experiencia”.

OBJETIVOS

¿Objetivos? Tantos como árbitros. Cada trencilla tiene el suyo y no tiene por qué asemejarse al del prójimo, aunque existen coincidencias. Uno por encima de todos ellos, el que lanza de manera contundente Mikel Segurado en representación del colectivo arbitral: “El objetivo primario es acabar con la violencia física y verbal en los terrenos de juego”. Porque aún a día de hoy, el mal de la violencia no ha desaparecido de las canchas vizcaínas.

Por otro lado, y más allá del objetivo global, existen las metas individuales de cada uno de los portadores del silbato. Juan Carlos García tiene claro que “tiene cuerda para rato” en el arbitraje profesional aún mientras que Iker Rodríguez lo vive desde otra perspectiva, todavía en el espacio regional: “ser profesional del arbitraje es más un sueño que un objetivo, y ahora mismo el mío es disfrutar del baloncesto”. “Aspiro a alcanzar el mayor nivel que pueda por mis capacidades, y voy a trabajar pero siempre con los pies en el suelo. Al final, ir subiendo categorías y ascender no solo depende de uno porque influyen muchos factores para lograr el premio”, revela el joven fabril. Coincide en ese planteamiento Velasco, que busca “disfrutar de cada partido” y asevera que le haría “mucha ilusión poder llegar a lograr un ascenso de categoría”. El deseo de Díaz de Sarralde no hace sino coincidir en la búsqueda de la mejora. Ellos, siempre desde el disfrute, persiguen su premio en forma de ascenso. Y esa ambición redunda en la calidad de un Comité reforzado.

JC

“La verdad es que creo que goza de buena salud. Ahora mismo, hay gente joven en proceso de mejora, y lo más importante es que tengan la paciencia necesaria para poder lograr sus objetivos, porque no es nada fácil”, explica García desde la voz de la experiencia. “Alrededor de 200 personas formamos el Comité Vizcaíno de árbitros y estamos tratando de solucionar los problemas de captación, pero para ello es imprescindible plantar batalla a la violencia y en la actualidad no tenemos las herramientas para hacerlo”, cuenta Segurado, miembro también de la Junta Directiva. Pero el Comité demuestra su éxito con números: “La gran referencia del arbitraje son las personas que componen el Comité. Todas ellas, cada fin de semana, invierten su tiempo en sacar todas las competiciones adelante y las recompensan al final llegan. El Comité tiene 3 árbitros en ACB, dos en el grupo 1 y 3 en el grupo 2, así como 27 árbitros en los grupos 3 y 4 del Comité Vasco”. Un éxito colectivo que brilla gracias a la mejora individual de cada árbitro, y que contribuye a formar la idea de que, si el colectivo se tratase de una pirámide, podría afirmarse con certeza que cuenta con muy buenos cimientos.

Iñigo Núñez