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Emaitzak – Lehiaketak

Orri hau behar bezala ikusten ez baduzu zure mugikorrarekin, sakatu hemen

  • Carlos Amores

    Amo este deporte casi antes de sentir botar el balón bajo mis manos, pero ver actuaciones como la que este sábado mostraron el entrenador y los padres y madres de los jugadores de Premini que jugaron con el equipo de mi hijo, hacen que, por momentos, incluso me replantee si determinados ambientes del deporte escolar son el mejor escenario para la educación de nuestros hijos.

    No voy a decir el nombre del equipo cuyo entrenador rompió a carcajadas cuando uno de los niños de 9 años, compañero de mi hijo, cayo al suelo y la arbitro paro lógicamente el partido, de nada sirve narrar los burdos insultos, ademanes e improperios con los que algunos padres ensuciaron el nombre de nuestro deporte, pocas palabras existen para los que, con su deplorable actuación se sitúan en frente de valores como la educación y el respeto, fundamentales en el baloncesto y en la vida diaria.

    Voy borrando la desagradable sensación que me quedó de ver las malas formas de un entrenador que, a pesar de la falta técnica, no dejo de proferir gritos y aspavientos exagerados, como si se tratase de una final de ACB, invadiendo una y otra vez el campo de juego, prefiero olvidar el ambiente hostil que crearon algunos padres con frases que no quiero que nuestros hijos escuchen, prefiero fijarme en lo que es mayoría del deporte escolar de Bizkaia, deporte en el que hasta este partido no hemos visto mas que respeto y educación en los equipos contrarios.

    Sigo amando este deporte, más si cabe cuando veo disfrutar a 10 niños de 9 años detrás de un balón tricolor, cuando he visto que mi hijo ha entendido lo que parece obvio, que esas palabras que escuchó el sábado no deben decirse, ni en la cancha ni fuera de ella y que saber perder o saber ganar es mucho mas importante que el resultado.